¡Ayuda!...¡Mi hijo no me comprende!



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Pasos para comunicarnos con los chicos (y no tan chicos) en esos momentos de crisis



Jane Nelsen, autora de la Disciplina Positiva, escribió sobre los 4 pasos para obtener cooperación de los niños, particularmente los uso para momentos de crisis.Te los planteo de forma sencilla (porque lo son), pero requieren práctica y sobre todo AUTODOMINIO y TIEMPO.

Ten en cuenta que si no estás acostumbrada a aplicarlos con tus hijos, ellos te mirarán extrañados y un tanto desconfiados. 


1. Comprensión

Lo primero que necesitará tu hijo es comprensión de tu parte. Otórgasela libremente, asegúrate de entender cuales son sus sentimiento, valídalos, acéptalos sin objetar. Asegúrate de entender cual es la emoción que afecta a tu hijo en ese momento.

2. Empatía

Esfuérzate por comprender la percepción de tu hijo frente al problema, sin que esto signifique avalar su conducta. 
En este punto es una buena idea comentar con tu hijo alguna experiencia personal similar a la que él esté pasando, coméntale como te sentiste en esa ocasión.

3. Compartir sentimientos y emociones

Si los dos primeros pasos los seguiste y demostraste real interés, y se dieron en un clima de gentileza, ya es momento de buscar la atención de tu hijo. Recuerda que es más probable que él te escuche si tú lo hiciste primero. ¡Esto funciona con los adultos también!


4. Invitar a enfocarse en una solución

Ahora si, ya están listos para buscar la solución al problema. Tu hijo tendrá algunas buenas ideas y, si necesita tu ayuda, puedes ofrecerle alternativas. Esta es una buena oportunidad para el aprendizaje. ¡Aprovéchala!


Suena fácil ¿no?...a veces no lo es, requiere práctica. Tengo una pequeñita en casa con la que que me toca practicar, sin querer ella me recuerda día a día que debo esforzarme un poco más por comprender y escuchar antes que pensar en hablar. Lo interesante es que en este camino vamos aprendiendo y creciendo juntas.
Stephen Covey, en 7 Hábitos de la gente altamente efectiva, dijo algo similar, él escribió acerca de un hábito clave para la comunicación interpersonal efectiva: Procurar comprender para ser comprendidos.
Después de esta reflexión es momento ahora de empezar a practicar.










¿Porqué los niños ya no son como los de antes?




Leí a Jane Nelsen comentar sobre este punto, haciendo referencia a Rudolf Dreikurs (psicólogo Adleriano), y me pareció bastante interesante como para compartírselos.

Es bastante común oír a la gente ya mayor como las abuelas, por ejemplo,  decir  en tono un tanto acusador: "en mi época las cosas eran distintas", "los niños eran más obedientes", "los niños hacían lo que se les pedía","los niños eran incapaces de responder", etc. Ahora bien, ¿qué fue lo que cambió de esa época a la nuestra?, ¿por qué los niños no son como los niños de antes?. Podríamos hacer una lista larga al respecto: familias disfuncionales, televisión, internet, madres que trabajan, etc. Realmente podríamos encontrar muchas explicaciones.




Esta es sólo una reflexión:

Echémosle un vistaso a la mamá de aquellos "buenos tiempos"
¿Pueden recordar cuando mamà obedecía sin objetar a papá, cuando su opinión no tenía mayor relevancia frente a lo que él decidiera?

¿Y qué hay sobre papá?
Recuerdan cuando papá debía respeto a su jefe sin chistar, cuándo en su oficina no se fomentaban las relaciones horizontales, ni el trabajo en equipo y mucho menos se hablaba del clima laboral?

Los buenos tiempos de los que hablan las abuelas incluían una gran dosis de sumisión, esto es lo que los adultos de ahora se han resistido a transmitirle a sus niños.

La mamá de ahora es una mujer que busca ser escuchada, desea lograr sus metas, lucha por sus ideales, ha renunciado a transmitir un modelo de sometimiento. Por otro lado, papá ahora reclama sus derechos, el trato en su oficina cambió, ahora puede exponer sus ideas y esto es valorado por sus jefes. En el mundo los grupos minoritarios o relegados en general, buscan ahora dejarse escuchar.

El mundo de los niños de ahora luce bastante distinto al de nuestros padres o abuelos. ¿Qué podemos esperar de los niños frente a este ejemplo?. No con esto quiero avalar la idea de que los niños deban rebelarse ni mucho menos actuar sin dirección, nada más lejano. Sin embargo, creo firmemente que la crianza de hoy puede y debe priorizar otros aspectos como la dignidad y el respeto. 
Facilitémosle a nuestros niños una atmósfera adecuada para que puedan ser independientes, para que puedan expresarse y para que puedan demostrar todo aquello de lo que son capaces.

Jane Nelsen habló al respecto:

"El liderazgo y dirección de los adultos es importante, sin embargo, los niños merecen ser tratados con dignidad y respeto. También merecen la oportunidad de desarrollar las habilidades de vida necesarias en un ambiente de cordialidad y firmeza, y no en una atmósfera de culpa, vergüenza y dolor"





Cuando el niño es el culpable de todos tus males (o al menos eso piensas)

Aquí reproduzco una típica conversación con una joven madre en consulta:

- Cuéntame sobre los métodos que usas para corregir a tu niño
- Bueno, yo le doy su tas tas, o su jalón de orejas y a veces le doy con la correa
- ¿Cuándo aplicas esos métodos?
- Cuando se porta mal
- ¿Me explicarías que significa para ti "portarse mal"?

(No reproduzco la larga lista de lo que para una madre significa "portarse mal" pero creo que podrán adivinar que incluye subir, bajar, jalar, contestar, gritar, pelearse con los hermanos, no comer cuando se lo piden, desordenar, etc. Sobre el supuesto "portarse mal de los chicos" hablaremos en otra entrada.)






"Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores"

El Principito


La conversación sigue y pregunto:

- ¿Por qué crees que tu hijo se "porta mal"?
- Lo hace para fastidiar, justo se porta mal cuando estoy ocupada, siempre es así.

Hagamos un ejercicio. Imagina que tienes al frente a una persona, un adulto como tú, alguien que se comporta de alguna manera que te desagrada. Se te pasa por la cabeza que lo que hace esa persona esconde la intención de hacerte daño, de fastidiarte.
¿Qué emoción experimentarías?,
Imagino que distaría mucho del amor y sus derivados como la paciencia o la comprensión.
Imagino que tus sentimientos estarían cercanos al enojo o quizá a la ira, por ejemplo.
¿Cómo actuarias?
Probablemente optarías por alejarte o recriminarle su actuar.
Ahora volvamos a la escena de la madre con su hijo,
¿Qué emoción crees que ella pueda experimentar frente a la idea que su hijo "se porta mal" para fastidiarla o que por la culpa del chico no tiene tiempo para ella misma?,¿Qué emociones puede despertar en ella esos pensamientos?
¿Cómo crees que podría actuar luego?

¿Podemos entender la relación entre el pensamiento, la emoción y la conducta de esa madre?. El pensamiento inadecuado la llevó a la ira y luego no pudo controlar esta emoción y simplemente descargó contra el chico.

Con este ejemplo quiero invitarte a reflexionar sobre tus pensamientos, a dudar de ellos. Muchas veces están teñidos de nuestras experiencias pasadas, exacerbados quizá por los problemas o malestares actuales,

Lo cierto es que el niño no actúa movido por malas intenciones, ni carga con resentimientos para luego vengarse de su madre o de su cuidador. El niño es simplemente lo más cercano al ideal de perfección que podamos encontrar en este mundo y como tal debe ser mirado.






Cuando la psicóloga se convierte en mamá



Siempre pensé que uno de los más grandes desafíos como psicóloga era sin duda mi propio crecimiento personal, sin embargo cuando la maternidad llegó a mi vida el convertirme en una mamá modelo se volvió mi preocupación. Me preguntaba a mi misma si era demasiado flexible o si era demasiado rígida,  si convenía enseñarle a mis hijos ejercicios de respiración o quizá de relajación, si debía administrar a mis pequeños el Test de la Familia o quizá el de Machover (o ambos!), si mis hijos tenían las suficientes habilidades sociales para desenvolverse en su salón de clases, en fin, todo lo que sólo una psicóloga puede imaginar.

Mis hijos: Jimena, Rodrigo y Micaela
(De izquiierda a derecha)

Pasó el tiempo y lo que he aprendido después de todo este proceso de adaptación es sólo una gran verdad:
Ser mamá es una aventura, y como toda aventura es impredecible. Ser psicóloga no me ha librado de llorar cuando he sentido la pena de alguno de mis hijos, no me ha librado de cuestionarme sobre mis métodos de crianza, no me ha librado de ser como toda mamá. Es cierto que como psicóloga tengo recursos extras, pero frente a mis hijos me siento tan humilde como aquella mamá que llena de preguntas pide un consejo.

He tomado una decisión: No quiero vivir esta aventura llena de miedos y preocupaciones, quiero sentir el efecto dulce y transformador de la maternidad sobre mi, quiero aprender a reír, sorprenderme y soñar junto a mis hijos.

He comprendido que esta aventura tiene fecha de caducidad y pienso disfrutar todo lo que de ella me espera. 

Me he convertido en una mamá